¿Quién dijo que para recorrer el mundo es obligatorio renunciar al trabajo? Durante los últimos cuatro años de mi vida, en los que me he dedicado a conocer países, nunca he dejado de trabajar.

A los 21 años empecé a viajar por el mundo y desde hace dos años empecé a contar mis travesías en este blog. Los lectores fueron aumentando, al igual que los esporádicos espectadores de mis videos de YouTube. Desde entonces, cada vez son más las personas que llegan a mí y luego me preguntan: “¿Cómo carajos haces? ¿Cómo vives?”

Buscan conocer mi truco secreto para viajar por el mundo, quizás esperando que les cuente que soy heredera de una cadena de hoteles, o una arriesgada trotamundos que va por las vías sin comer ni dormir o, en el mejor de los casos, dueña de una multimillonaria fortuna. Nada más lejano de mi realidad.

La respuesta es simple, pero el método no: Hay que trabajar para lograrlo y existen dos opciones:

  • Conseguir un ahorro inicial y emprender la huida sin rumbo fijo, como hacen muchos viajeros que conozco y aprecio.
  • Trabajar de manera paralela a los viajes, que es la forma en la que yo vivo.

Ambas rutas tienen el mismo punto inicial, de sacrificio y trabajo. Sin trabajar, no hay nada. Así duela saberlo.

Para este punto, muchos lectores que estaban esperando una confesión íntima sobre mis finanzas personales o una receta milagrosa para producir dinero, han cerrado esta ventana. Pero si tú sigues leyendo es porque estás dispuesto a trabajar para cumplir tu sueño de recorrer el mundo.

Para trabajar y viajar al mismo tiempo, hay que hacer algunos sacrificios, como cargar con un computador portatil y muchos libros en la mochila.

Para trabajar y viajar al mismo tiempo, hay que hacer algunos sacrificios, como cargar con un computador portatil y muchos libros en la mochila.

No son monedas, son millas

El primer paso es reconocer el viaje como una prioridad y ser capaces de sacrificarnos por él. Hay quienes trabajan para comprar una casa, pagar la mejor universidad, salir todos los fines de semana de parranda o llevar la cartera más cara. Tú deberías trabajar para viajar.

1. Obsesiónate con tus cuentas mensuales: Hace algunos años tuve un novio que, cada vez que quería ofenderme, me llamaba “psicorígida”. Cuando lo hacía, el temperamento que me heredó el apellido Melo salía a relucir y todo se transformaba en una tragedia.

Tiempo después, entendí que esa manía que me llevaba a corregir todo se había convertido en algo útil para manejar el dinero. Durante unos años creé un calendario en el que escribía todos mis gastos diarios. Ahora la tecnología ha avanzado y tengo en mi teléfono la aplicación Mis Gastos, que me permite controlar todo el dinero que recibo, ahorro e invierto, clasificado en diferentes categorías.  ¡Que viva mi psicorigidez!

Líneas Viajeras, blog de viajes

 2. Sal de deudas. YA: Cuando tenemos el impulso de viajar, no queremos aplazarlo. Sin embargo, es conveniente que dejemos unos meses para dedicarnos a pagar deudas, pues no podrás estar tranquilo si tienes a un banco respirándote en la nuca.

Esfuérzate por unos meses. Destina casi todo tu dinero libre a pagar deudas. Salda tus tarjetas de crédito (lo siento, Falabella) y paga las cuotas de tus propiedades, para que después todos tus ingresos sean para viajar.

Querida Diana: ¿Qué parte de "no pegues la fotografía al formulario" no entendiste?

Aunque es recomendable saldar la deuda total de tu tarjeta de crédito, no la canceles. Tener tarjetas a tu nombre te puede sumar puntos a la hora de solicitar una visa.

3. Un porcentaje para tu sueño: Cuando empecé a recorrer el mundo cambié mis hábitos de consumo. Ya no me siento tentada a comprar ropa cada vez que veo una tienda con descuentos, ni gasto fortunas en restaurantes caros (me quedan los recuerdos de cuando fui periodista gastronómica). Ahora invierto, cada mes, un porcentaje de mis ingresos a viajar, sin importar cuál sea el destino.

El primer paso para ahorrar es entender cómo funcionan nuestras finanzas. Seguramente, después de semanas o meses de estar controlando tus gastos, te sientas mucho más capaz de guardar una cantidad considerable de dinero para iniciar la travesía que quieres.

Los sacrificios previos al viaje valen la pena. Finalmente, es viajando que entendemos la riqueza real.

Los sacrificios previos al viaje valen la pena. Finalmente, es viajando que entendemos la riqueza real. Esta foto a una mujer musulmana con su burka fue tomada en el mercado de Rissani, en Marruecos.

¿Soltar todo? Y largarse

Supongamos que ya han pasado meses. Tu cuenta de ahorros es tan feliz como Carlton Banks escuchando Tom Jones.  Estás totalmente decidido a invertir tu dinero en un viaje. Entonces es el momento de hacerse la pregunta más difícil de la vida: ¿Renunciar para viajar o complementar el trabajo con el viaje?

La segunda es mi opción. En cuatro años que llevo viajando por el mundo, jamás he dejado de trabajar. De hecho, desde los 16 años trabajo y no he dejado de hacerlo bajo ninguna circunstancia. Siempre he encontrado alternativas que me permiten devengar un salario, mientras hago otras actividades.

También está la opción de convertir los viajes en tu trabajo...

También está la opción de convertir los viajes en tu trabajo. Esta foto es tomada en la cúspide de Cruz Loma, en Ecuador.

4. Busca una opción freelance: El teletrabajo es el futuro (si la pésima red de Claro lo permite algún día). Nada más buscando en Google el nombre de tu profesión y la palabra freelance puedes encontrar respuestas. ¿A qué empresa no le beneficia tener un trabajador independiente, sin subsidios de transporte ni prestaciones legales, que nunca llegue con mala cara a la oficina?

Excluyendo el par de ocasiones que ya les he comentado anteriormente, toda mi vida he trabajado como freelance. Esto me obliga a destinar una parte de mi salario a pagar mis propias prestaciones, no tener un horario fijo, cumplir con responsabilidades de domingo a domingo y permanecer en una constante búsqueda de trabajo (si se acaba un contrato, debo encontrar otro pronto). Pero me permite viajar cuando quiera y hacer que el mundo sea mi oficina.

Como dijo Joaquín Sabina, "Incluso en estos tiempos veloces como un Cadillac sin frenos", es posible equilibrar las rutinas y hacer del trabajo algo placentero.

Como dijo Joaquín Sabina, “Incluso en estos tiempos veloces como un Cadillac sin frenos”, es posible equilibrar las rutinas y hacer del trabajo algo placentero.

5. Encuentra opciones de medio tiempo o de pocos días a la semana: Mis trabajos freelance son como asesora de Social Media y periodista, pero también complemento mis finanzas como profesora universitaria. En la universidad, al final de cada semestre mi contrato es liquidado para poder firmar uno nuevo, lo que implica que una suma adicional entra a mi cuenta (¡cada peso sirve!).

Viajar no sólo requiere una obsesión con la distribución de las finanzas, también con la organización del tiempo. En mi caso, dos veces a la semana dicto clases en Bogotá, lo que deja libres cinco días para tomar mi auto y conocer Colombia. En periodos más extensos, como Semana Santa, vacaciones de mitad y final de año o la semana de receso en octubre, me voy de viaje a otros países.

Quito, Ecuador, Líneas Viajeras

En diciembre de 2014 volví a viajar fuera del país, después de meses sin hacerlo.

6. ¿Eres bueno en algo? ¡Difúndelo!: Fotógrafa de eventos. Voz de cuñas de radio. Diseñadora de páginas web. Editora de video. Redactora de contenidos empresariales. Directora de tesis de grado. ¡Todo a la vez! Cada pequeño trabajo que sale implica un dinero adicional para viajar.

¡Nunca dejes de buscar! Haz una lista de tus aptitudes y capacidades, con especial énfasis en aquellas tareas pequeñas que no te demandan mucho tiempo, pero que puedes hacer bien. ¿Hay un servicio que prestes y que los demás pueden necesitar? Entonces busca a los clientes potenciales, invítalos a una reunión y el resto se solucionará solo.

Días después de mi último viaje a Marruecos, regresé a la cabina de grabación para una locución promocional. ¡Había que recuperar el dinero!

Días después de mi último viaje a Marruecos, regresé a la cabina de grabación para una locución promocional. ¡Había que recuperar el dinero!

Y si volver al trabajo te deprime, siempre es bueno traer recuerdos etílicos del último destino.

Y si volver al trabajo te deprime, siempre es bueno traer recuerdos etílicos del último destino.

En el avión, en el bote, en la calle

Volvamos a la dura realidad: Queremos viajar sin dejar de trabajar. No podemos caer en la tentación de echarnos a la felicidad sobre la playa y olvidar nuestras responsabilidades. Ser freelance no te obliga a cumplir un horario de oficina, pero tampoco te permite vacaciones. Si no quieres despertar un día sin trabajo, sin dinero y en un lugar lejano, más te vale concentrarte en tus obligaciones.

7. No puedes desconectarte de todo: Yo trabajo de domingo a domingo, sin importar en dónde me encuentre. Para mí es muy importante siempre contar con servicio de roamming internacional de datos, para poder estar disponible en Whatsapp, Skype y correo electrónico. De esta forma, mis clientes confían en mí y no se resienten cuando saben que no estoy en el país, pues igual cumplo con lo pactado.

Aunque algunas veces ocurren cosas como esta...

Aunque algunas veces ocurren cosas como esta…

8. Sacar provecho económico del viaje: ¿Sabías que hay dueños de mascotas que te dan alojamiento gratis a cambio de que les cuides a sus adorados animalitos?

Hay quienes buscan trabajo en los lugares de destino. Si yo tuviera suficiente tiempo, seguramente también me animaría a trabajar en un restaurante, cuidar una mascota (niños no, gracias) o servir de guía turístico.

Hay cientos de opciones para ganar unos pesos adicionales en cualquier lugar. Si tú te animas, hay plataformas como WorkAway o Trabajar por el mundo que publican diariamente ofertas de trabajo en cientos de ciudades.

Si siempre consiento, alimento y tomo fotos a los animales que veo de viaje, ¿por qué no ganar dinero haciéndolo?

Si siempre consiento, alimento y tomo fotos a los animales que veo de viaje, ¿por qué no ganar dinero haciéndolo?

No más excusas

Entiendo que renunciar y dedicarse a viajar por el mundo es una decisión difícil. Ni yo, que tengo un blog de viajes, he sido capaz de hacerlo. Pero creé mi propio método y hoy lo comparto.

Son sólo ocho pasos para cambiar todo. Gracias a esto nadé en las playas de Panamá, andé en dromedario en el desierto del Sahara, canté en un conservatorio en Barcelona, abucheé a Balotelli en el San Siro, caminé por los helados Alpes, me perdí en un bote en el Mediterráneo, bebí pulque en México y mambeé coca en el Amazonas. Sin dejar de trabajar.

Ahora es mi momento de devolver la pregunta. Quienes no viajan, ¿cómo carajos hacen? ¿Cómo viven?

Líneas Viajeras, blog de viajes