¿Qué pasó el día en qué decidí viajar y escribir sobre ello? ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Cómo he sido fiel, pero me he traicionado?

A veces quiero volver a la idea inicial de este blog. Una bitácora personal. Un espacio de introspección. Una hoja que permitía que el oficio de la escritura renaciera en alguien que lo había abandonado por dedicarse a otros menesteres. Un constante aliciente para agarrar la maleta. Un libro digital de recuerdos propios.

Así nació Líneas Viajeras. Durante un paseo por el metro de Medellín le conté a mi compañero de entonces que quería volver a escribir y que, quizás, el mejor tema para hacerlo eran los viajes. Luego difundí mi idea entre los más cercanos. Abrí mi cuenta en WordPress. Escribí y todo empezó a fluir.

Ese día también decidí que Marco Polo viajaría conmigo.

Ese día también decidí que Marco Polo viajaría conmigo.

Allí estaba digitando teclas para mí y los más allegados. Era yo recreando historias que luego volvería a leer para revivir escenarios, olores, sabores, pensamientos. Era Diana escribiendo para Diana. Millas que se convertían en caracteres y obedecían a una necesidad muy fuerte de viajar y escribir, como forma de perseguir quién era yo y no volver a caer en una rutina que no me satisfacía.

Pero luego, se crecieron los enanos de este circo. El blog se convirtió en un espacio de consulta para muchos viajeros, empezó a recibir cientos de visitas en un día y los patrocinadores -no tantos como quisiera- empezaron a llegar. Me volví una esclava del posicionamiento en Google, de las palabras claves, del SEO, de las redes sociales, de los temas vendedores. ¡Claro que eso me hace feliz! Pero temo olvidar la verdadera razón por la que germinó este proyecto. 

Como registrar mis pasos de pole dance en un poste de Londres, por ejemplo.

Como registrar mis pasos de pole dance en un poste de Londres, por ejemplo.

¿Quién era yo antes de viajar?

Aunque durante toda mi vida me he movido entre mi pueblo y la caótica ciudad, no me consideré una viajera hasta que decidí abandonar un trabajo de 10 horas diarias para dedicarme a buscar tiquetes baratos en internet.

Corría el año 2012. Durante algunos meses trabajé en una de las empresas más grandes de Colombia y tenía uno de los cargos con mejor salario. Todavía recuerdo el día en que, mientras almorzaba en un centro comercial, recibí una llamada que me anunciaba que ese trabajo era mío, tras una convocatoria multitudinaria que se parecía más a un reality show.

Y el diálogo conmigo misma, como si se tratara de un guion de Los Años Maravillosos, fue más o menos así:

– ¿Realmente voy a ganar todo ese dinero? ¿Qué voy a hacer con él?” – mientras tomaba otro chicken pop corn y me lo llevaba a la boca.

– “Dios, por fin tengo dinero para viajar. Lo haré los fines de semana” – mientras seguía comiendo. (¡Y eso que la ansiedad me quita el hambre!)

Esta soy yo en modo 'no ansiosa'. "Mesero, traiga a esta mesa todo el pan de chocolate de París".

Esta soy yo en modo ‘no ansiosa’. “Mesero, traiga a esta mesa todo el pan de chocolate de París”.

Llamé a mis padres y les conté. Al otro lado del teléfono, la misma mezcla de incredulidad y alegría. Entre tantos aspirantes, esta periodista recién graduada era la nueva adquisición humana de tremenda empresa. Mi vida había cambiado, claro.

Luego vinieron los tacones, el Transmilenio dos veces al día, el almuerzo en la lonchera, las capacitaciones empresariales, la apertura del correo institucional, los jefes (¡y qué jefes!), los compañeros de oficina, sus coqueteos y sus intentos por ser jocosos combinando mi apellido con otras palabras (como si a nadie se le hubiera ocurrido antes).

También llegaron las noches sin dormir, los domingos trabajando, el acoso laboral, las crisis de llanto y los desmayos. Todavía lo recuerdo y siento una sensación de vacío en el estómago.

Un poco más de Marco Polo, para romper tanto drama e este post. Este día cantamos "Everybody's Got Something To Hide Except Me And My Monkey".

Un poco más de Marco Polo, para romper tanto drama e este post. Como él también es Beatlemaniaco, este día cantamos “Everybody’s Got Something To Hide Except Me And My Monkey”.

Cuando comenzamos a nacer

¿Quién carajos dice que la vida tiene un orden establecido? ¿En qué momento nos dejamos convencer del transcurso natural de nacer – crecer – trabajar – reproducirse – trabajar – trabajar – morir? ¿Cuándo nos olvidamos de escuchar a ese ser interno que es la versión más auténtica de nosotros mismos? ¿Por qué olvidarnos?

En el trabajo no duré más de tres meses. Renuncié. El último día me fui temprano de la oficina. Era las 5:30 pm y yo llevaba semanas enteras sin ver un atardecer por trabajar de domingo a domingo. Lloré mucho –es que soy más sensible que Mario Benedetti picando cebolla– y me fui a casa.

Compras, consejos, viajar, Líneas Viajeras

En medio de tanto viaje he sido débil y le he puesto cuernos a Marco Polo.

Tuve días de preguntarme qué haría con mi vida y luego, sencillamente, decidí que apostaría por una rutina laboral que no me impidiera viajar. Busqué un estilo de vida freelance y hallé una alternativa para recorrer el mundo sin dejar de trabajar, la cual ya he compartido en este blog.

¿Recuerdas la escena de En búsqueda de la felicidad en la que Will Smith obtiene el trabajo de sus sueños? Él se entera, corre, busca a su hijo, lo alza y llora junto a él. Yo, al otro lado de la pantalla, lloro con el amo William y me conmuevo con la musicalización. Pero la vida real NO es así. Esos cambios radicales que indican que la alegría llegó a nuestra vida, sólo ocurren en las películas.

Ese día yo renuncié y decidí que buscaría mis sueños. Claro, lo intenté con más fuerza desde entonces, pero también me he traicionado en ocasiones posteriores. Acepté otro trabajo de similares condiciones y tampoco duré mucho tiempo. Cedí a impulsos de gastar dinero en cosas mucho menos importantes que viajar. Rechacé viajes por crisis personales. Esas cosas pasan. Todos nos distraemos de tanto en tanto.

Mi vida se resume en esta escena de Los Simpson: "¡Mira, Marge, un perro con la cola esponjosa!"

Mi vida se resume en esta escena de Los Simpson: “¡Mira, Marge, un perro con la cola esponjosa!”

El despertar de la kundalini

Lo importante es parar, volverse a enamorar del río y retomar el cauce. Hoy escribo esto desde una casa en el campo, en la que sólo se escuchan los cucarrones estrellándose contra las farolas, el tic tac del reloj, mi perro masticando y el sonido de las teclas del computador.

Este blog -que nació cuando renuncié a ese trabajo del demonio- ha crecido más de lo que algún día soñé. Por eso, me siento en la necesidad de anunciar a los lectores que me vengo a vivir a mi pueblo, como una forma de alejarme del caos de la ciudad, ahorrar más dinero, volver a lo básico y encontrar las raíces que abandono cuando viajo.

 

También aprovecho para contar que, quizás, me vaya a la selva colombiana a probar el místico yagé, vuelva a Barcelona por mi diploma del Máster en Periodismo de Viajes, o me anime a hacer un retiro de meditación en algún paraje tranquilo del mundo. ¿Quién sabe? De eso se trata todo esto.

Me excuso con quienes siguen este espacio buscando encontrar datos de valor y hoy sólo hallaron una carta personal sensiblera. Como la vida misma, que a veces nos impulsa a reencontrarnos con nosotros mismos, dejarlo todo y viajar, es este blog. Hoy Líneas Viajeras se negó a dar consejos, hacer crónicas de viaje o publicar un video. Más bien se le dio la gana de hacerme escribir algo más íntimo.

Para hablar sobre viajes hay toda una vida.

Sat Nam! ¡Que así sea!

Dos días en la vida, Fito Páez