No importa si se ama o se odia a París, esta es una de esas ciudades que se extrañan irremediablemente

Sólo estuve 3 días en París, pero este tiempo fue suficiente para sentir todas las emociones por la capital francesa.

Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual. Un día lo veré como la más remota prehistoria

‘Las batallas en el desierto’, José Emilio Pacheco –el escritor que me enseñó a viajar– QEPD

21 de Noviembre

00:00 a.m.

¡Feliz cumpleaños a mí!

Hace 15 minutos me acosté en este sofá marrón, para que la medianoche me encontrara viendo la Torre Eiffel… Y así fue, el primer minuto de estos 24 años lo estoy viviendo en París, un sueño hecho realidad.

Ahora, oficialmente,  soy un año más viaje (no es un error de digitación, es que la vejez se mide en viajes). Es hora de dormir.

9:00 a.m.

Suena el despertador y el cansancio se mezcla con el frío, calándome los huesos. Han sido días muy felices, pero difíciles: madrugo a conocer todo lo que puedo, pero trasnocho trabajando y el agotamiento está pasando cuenta de cobro.

Sin embargo, hoy es mi último día en París y, además, es mi cumpleaños: razones suficientes para pararme ya mismo de la cama.

11:00 a.m.

El apartamento está como nuevo. He limpiado el polvo de sus pisos y mesas, he lavado cada traste que ensucié con comida barata de supermercado, he organizado los muebles que moví durante mi estadía. Y todo para ahorrarme 40 euros que me cobraban los propietarios por el servicio de aseo.

Ahora, con el lugar limpio, desayunaré en una pastelería típica francesa y no volveré a ensuciar la cocina.

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No hay nada como el croissant francés. ¿Sabían que su nombre viene de la palabra “creciente”? Es un guiño a la forma de la Luna

12:22 p.m.

He tomado la Línea 4 del Metro y me bajé en la estación Cité para llegar a la Catedral de Notre Dame. Caminando hacia ella no puedo dejar de sorprenderme por la gran cantidad de personas que hay allí.

París es el destino más visitado del mundo, con casi 42 millones de turistas extranjeros por año. ¡Y parece que todos estuvieran ahora mismo en Notre Dame!

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Marco Polo siempre tiene una sonrisa en la cara. A él no le importó que la Catedral de Notre Dame estuviera llena de turistas

Nada me saca más de quicio que las multitudes, sensación que se multiplica cuando se trata de tours organizados que caminan uniformemente, guiados por un líder que lleva una banderita. Este tipo de turista se atraviesa en todas las fotos, quiere entrar primero a los museos, retrata eternamente cuanto monumento ve  y, así, puede dañar el viaje de las personas que, como yo, sólo queremos caminar tranquilamente… Y tomarnos fotos con micos de felpa.

1:00 p.m.

El Río Sena me intimida desde ayer, cuando lo vi detenidamente por primera vez. Y, sin embargo, es una sensación que me tranquiliza y aleja del caos turístico de Notre Dame. Miro correr el agua y espero la hora del almuerzo (para entonces, seguramente la catedral estará un poco menos llena).

La  Île de la Cité, donde estoy ahora, es el corazón de París. Un corazón que late con cada oleada de viento otoñal que me pega en el rostro, con cada gota de lluvia que cae sobre los ventanales de los restaurantes. Este es, quizás, uno de los lugares más bellos en los que he estado en mi vida.

En invierno y otoño, el Sena intimida por su caudal y temperatura. En verano se convierte en una playa artificial muy visitada.

2:00 p.m.

Vale la pena soportar a los turistas maleducados, hacer filas eternas y evadir a los guías que quieren pedir plata, sólo para ingresar a Notre Dame.

En este momento, estoy en una de las catedrales francesas más antiguas y me dejo llevar por el encanto de su estilo gótico, que se refuerza con el color gris del cielo otoñal. ¿Recuerdas cuando te dije, abuela, que vendría a París? Siempre pensé que esto te gustaría…

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El rosario que me heredó mi abuela me acompaña en cada viaje y la Catedral de Notre Dame fue un escenario perfecto para fotografiarlo

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¡Me encanta fotografiar luces! Estas velitas iluminan uno de los pasillos de la Catedral de Notre Dame, cargadas con las plegarias de los viajeros

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La fachada de la Catedral de Notre Dame no sólo vale la pena por sus gárgolas. Su parte frontal cuenta toda una historia de pecados y salvación

3:10 p.m.

La sensación térmica ha disminuido considerablemente y los transeúntes corren para resguardarse de la lluvia. Mientras tanto, trato de evadir el frío y acelero mi paso para llegar a la Île Saint-Louis, otra de las islas parisinas que se encuentran al paso del Río Sena.

Mi sacrificio sólo tiene una razón: me dijeron que allí podría encontrar el helado más rico del mundo. ¡Pediré una gran copa de cumpleaños!

3:25 p.m.

He caminado mucho y siento que los dedos de mis pies se están congelando. Los guantes que compré en Bogotá son inútiles, pues no están hechos para el inclemente frio europeo. Y, mientras lanzo insultos contra el clima, me pregunto si la heladería estará abierta al público en un día tan frío.

A lo lejos, veo una fila de personas ingresando a un clásico local parisino, con puerta de madera robusta y una carpa color vino tinto con letras blancas: Berthillon Glacier. ¡He llegado!

4:00 p.m.

Frente a mí, una escena digna del paraíso prometido. Una copa de chocolate fundido al lado izquierdo del plato. A la derecha, como una ostra que guarda dentro de sí la piedra más preciosa, se abre un macaron de café que alberga una bola de helado de chocolate blanco… ¡Feliz cumpleaños a mí!

Este momento. Este pequeño momento de mi vida, es lo que yo llamo “Felicidad”

No se equivocan quienes dicen que Berthillon es la mejor heladería del mundo, mi paladar acaba de comprobarlo, al igual que el de todas las personas que hicieron fila bajo la lluvia para poder comer aquí.

5:10 p.m.

Después del éxtasis del helado, salgo de Berthillon y veo que el cielo se ha oscurecido. El día está llegando a su fin y siento que mis horas en París están contadas. En un rato debo tomar un tren nocturno con destino a Niza y la disciplina ferroviaria europea no admite retrasos.

La hora de la despedida:

Camino nostálgicamente por las calles de la Île Saint-Louis y recuerdo mi cumpleaños número 19, cuando mi familia preparó para mí una maravillosa fiesta sorpresa en Bogotá, ya que luego viajaría a París para terminar mi carrera como periodista. Meses después, este sueño se vio frustrado y creí que pasaría mucho tiempo antes de encontrarme con Francia.

Hoy es mi cumpleaños número 24 y la nostalgia me invade. Por un lado, cumplí mi sueño de conocer París mucho antes de lo planeado. Sin embargo, mi primer encuentro con esta ciudad ha sido fugaz e inestable, con amores y odios tan parecidos que se confunden entre sí.

Sólo tuve 3 días para vivir la Ciudad del Amor, esa que añoran miles de parejas del mundo y que me enamoró a mí, con sus perfectas imperfecciones. Por eso, mientras camino hacia la estación del metro, recuerdo la inmortal película Casablanca y su frase legendaria: Siempre nos quedará París.

Au Revoir, París! Te juro que volveré…  

 

Transporte

2 tiquetes de metro

3,4€

Alojamiento

Noche en apartamento

114€

Alimentación

Croissant en Maison Kevest

2,45€

Helado en Berthillon

11€

Turismo

Ingreso a Notre Dame

0€

Caminata por las Islas

0€

Total

130,85€

Si quieres leer las experiencias de mis 2 primeros días en París, clic en:

París, Diario de Viaje, día 1: Medianoche en París

París, Diario de Viaje, día 2: París, entre el amor y el odio