Es innegable que la sed de viaje en sí misma es suficiente razón para vivir. El destino poco importa, si sólo se quiere agarrar la mochila.

Y si no quieres olvidar ningún detalle a tu regreso, también es bueno llevar un diario de viaje.

Los lectores asiduos de este blog ya sabrán que mis cumpleaños los celebro viajando y que he festejado en el Amazonas, París o Taganga. Este año ya estoy buscando tiquetes, mirando fotos, abusando sin piedad de Google, para definir en qué destino cumpliré el recorrido orbital número 26.

Y, en medio de esas búsquedas infructuosas, me percaté de cómo la euforia me invade no por decidir un destino, sino por ser consciente de que pronto vendrá un viaje más. Es decir, nunca me emocioné por el paso por Francia, sino por el hecho mismo de saber que estaría en una silla de avión en una fecha determinada.

Durante mi cumpleaños 25 en la playa de Taganga, uno de mis lugares favoritos de Colombia.

 

Entonces –y que Serrat me perdone–, la primera idea musical que se me vino a la mente cuando pensé en esta sensación, fue el verso inicial de un vallenato muy conocido en mi país y que, casualmente, se llama como yo. Diana dice “voy navegando por este mundo sin rumbo fijo”.

En una recapitulación poco profunda de los viajes que he vivido, me percato de que las historias más impactantes y los escenarios que quedaron profundamente marcados en el alma viajera, no han sido planeados con anticipación.

Chamonix. Mont Blanc. Líneas viajeras. Diana Melo. Blog de viajes

 

Porque no me programé con una agencia para bailar con una tribu tuareg en la mitad del Desierto del Sahara, mientras el sol abrasador era perfecto para un trance, en medio de un concierto que para mi oído occidental y mi cuerpo acostumbrado al yoga era más una sesión de mantras.

Porque cuando salí de mi hotel en Marruecos a caminar y tomar fotos, no imaginé jamás que me detendría frente a una puerta llena de azulejos y de unos dos metros de alto para sonreír con una mezcla desequilibrada entre ternura y orgullo. Allí vi a esa señorita musulmana de 12 años, cuerpo menudo y de tez trigueña, envuelta en un largo vestido de color negro, estudiando y desafiando los prejuicios del mundo occidental.

Líneas Viajeras. Blog de viajes

Porque tampoco me imaginé jugando a la lotería con un niño de 4 años. ¡Ni de riesgos, si ni me gustan los niños! Pero en el Cauca terminé arrastrándome en el piso con un pequeño de la etnia Misak, enseñándole en castellano cómo se llamaban las prendas de ropa que llevaba en su diminuto cuerpo.

Cauca. Colombia. Líneas viajeras. Diana Melo. Blog de viajes

Porque no pensé que el momento en el que terminara de subir las escalinatas introductorias a Machu Picchu, el imponente escenario terminaría quitándome la respiración y callándome la boca. A mí. Sí. Yo que siempre había dicho que huía de los sitios atestados de turistas y que los destinos de esta naturaleza estaban inflados por la industria.

Cauca. Colombia. Líneas viajeras. Diana Melo. Blog de viajes

Porque planeé que mi cumpleaños 24 lo celebraría bajo la Torre Eiffel, pero no calculé que el crudo invierno parisino me acabaría tumbando en un sofá, bajo una cobija térmica y un café caliente, para ver el monumento alumbrarse a medianoche desde mi ventana. Y, carajo, cómo valió la pena.

¿Verdad que vale la pena leer toda esta historia sólo para llegar a esta foto?

 

Porque alguna vez un astrólogo -oficio al que respeto con cierta distancia- me dijo que el lugar del mundo en el que yo estuviera en mis cumpleaños determinaba el curso de los acontecimientos durante el año siguiente. Pero no le creo, desde que pasé mi último cumpleaños en una Taganga que, quizás, arrojó contra mí toda su fuerza cósmica maligna durante varios meses, pero ahora se está luciendo con creces. De ser así: Gracias, Taganga.

Taganga. Líneas viajeras, blog de viajes

Porque no ha de ser el lugar geográfico lo que determine cómo nos sentimos, ni mucho menos qué nos ocurrirá. Porque la palabra “destino” se refiere a un punto en el mapa, no al encadenamiento de los sucesos.

Porque el recorrido importa más que el punto final. Porque la maleta no se debe deshacer del todo nunca. Porque un mapa arrugado tiene más autenticidad y entrañas que cualquier otra forma de festejar el respirar.

Y porque basta con iniciar cada año viajando para entender que el resto de los días también merecen acontecimientos que nos maten un poco.

Porque la vida no avisa, pero la ruta sacude.

Roma. Italia. Líneas viajeras. Diana Melo. Blog de viajes