Esta es una de las preguntas que más frecuentemente me hacen ustedes en redes sociales. ¿Vale la pena gastar dinero en equipaje de calidad? ¿Una maleta barata es igual? ¡Aquí les cuento!

Mis viajeros amados, acompáñenme a ver esta triste historia:

Era impensable para mí estar en la mitad de Cannes, caminando por las calles glamourosas donde andan las estrellas de cine más famosas a nivel mundial, viendo las fotos de actrices en los paraderos de los buses, envidiando los yates lujosos que estaban en los puertos. Realmente, no podía creer que estuviera allí. En Cannes. Cannes, la del festival. Cannes, la de la máscara de hierro. Cannes, la de la fama. Cannes, la ciudad absurdamente cara.

Y, sin embargo, allí estaba. Lo había logrado. Había conseguido ir a Cannes después de mucho ahorrar para recorrer la Costa Azul francesa, en medio de tanto lujo que se pavoneaba frente a mí, como si supiera que jamás iba a poder acceder a él.

Sabía que llegar hasta Cannes, Niza y Mónaco había sido una tarea costosa. Los tiquetes de avión a París, el tren hasta Niza, el hotel cerca del mar, las comidas rápidas y poco saludables de una semana, costaban mucho más dinero que un mes entero viviendo en Bogotá. Pero todo lo tenía bajo control. Había ahorrado lo suficiente, tenía una aplicación en mi teléfono para controlar los gastos y nada podía salir mal. O eso creía.

Cuando, de pronto, cruzando la calle desde la estación de tren de Cannes, en plena cebra de peatones, sentí cómo al lado de mi oído se escuchó una rasgadura firme que fue descendiendo hasta abajo de mi hombro. Una de las asas de mi mochila se había roto, dejando 60 libras de peso en el costado izquierdo de mi espalda y la angustia de tener que comprar una mochila nueva… en Cannes… una de las ciudades más caras del mundo.

La famosa maleta, antes de la tragedia.

La “primiparada” la pagué con creces. Inocente y tacañamente, un mes antes en Bogotá había comprado la mochila más barata del mercado, creyendo que necesitaba ahorrar mucho más dinero para darme algunos gustos durante el viaje y que, finalmente, “una maleta es un elemento que va a permanecer en el hotel, protegido de todo riesgo”.

En este punto de la lectura, seguramente ustedes ya podrán saber cuál es la respuesta a la pregunta del título. Hay que invertir en una buena maleta porque los viajes necesitan tener el menor número de imprevistos posibles. 

¿Qué hubiera pasado si se rompen las dos asas al tiempo? ¿Cómo habría sido que se descosiera la parte inferior y dejara toda mi ropa botada en plena cebra peatonal de Cannes? El accidente con mi maleta fue el menos peor de todos los escenarios posibles, pero me terminó obligando a gastar cientos de euros con los que no contaba inicialmente y, además, cambió totalmente mi forma de llevar equipaje en los viajes (ahora viajo siempre con maleta de ruedas).

Sé que viajar es una actividad cara. Sé, además, que en los países que visitamos queremos darnos ciertos gustos y, por ello, tenemos tendencia a economizar mucho desde casa con los gastos previos. Sin embargo, hay varios aspectos de una buena maleta que son fundamentales para disfrutar tranquilamente de los viajes, aunque antes de tomar el avión nos parezcan nimiedades.

“¿Qué debo analizar antes de comprar una maleta?”

Hace poco, estuve charlando con un par de amigos que trabajan en American Tourister. Como ustedes saben, con ellos hemos hecho algunos concursos para regalar maletas a los fans de Diana Traveler y varias actividades en las que premiamos a los viajeros que me siguen. Junto a ellos, quienes son expertos en el tema, logramos identificar algunos aspectos que todo turista debería tener en cuenta para identificar una buena maleta.

El material: No todas las marcas hacen pruebas de calidad de los materiales. ¿Ustedes creen que el equipaje hecho en China que nos venden en los mercados de ropa populares de nuestras ciudades tienen estos controles? ¡Claramente no! Porque para ello necesitan ciertas máquinas, personal dedicado y otros ítems que encarecerían la producción. Es por eso que se terminan rompiendo en la mitad de Cannes.

Un buen consejo es elegir el tipo de material según sus necesidades individuales. Recuerden que la información es poder. Vayan informados a las tiendas de equipajes y pregunten con propiedad por el tipo de material que buscan. El polipropileno hace que las maletas sean ligeras y resistentes a los impactos. El ABS las hace mucho más resistentes y durables, perfectas si viajan mucho y las caminan por las calles de las ciudades. En cambio, el poliéster de alta resistencia es perfecto para las mochilas de hombros o las maletas de ruedas que deben ser ligeras y con gran capacidad, ya que nos permite jugar más con el espacio.

La resistencia: ¿Sabían que las marcas más reconocidas de equipaje a nivel mundial hacen pruebas de caída libre? ¡Yo tampoco sabía! Estos amigos de American Tourister fueron quienes me contaron que sus maletas son lanzadas desde metros de altura para comprobar que el material aguante el golpe. Yo, inmaduramente, debo confesar que lo primero que pensé fue: ¡qué trabajo más divertido!

La seguridad: Tengan en cuenta, viajeros, que también hay muchísimas ciudades del mundo en donde las técnicas de robo son increíblemente ingeniosas. En Bogotá, por ejemplo, hay ladrones que se acercan con una navaja a las maletas, rasgan la parte inferior de la tela y provocan que todas las pertenencias caigan al piso. La víctima, mientras reacciona ante la sorpresa y mira cómo caen sus cosas, es atajada por otros ladrones que le impiden recoger lo que ha caído.

Es por eso que el tema del material es tan importante, pues no podemos dejar nuestras pertenencias a la merced de cualquiera que tenga los implementos para violentar nuestra maleta. Incluso, si podemos elegir maletas que tengan incoporados los candados para las cremalleras, mucho mejor.

Si son tan distraídos como yo, un consejo útil puede ser elegir maletas coloridas que puedan ser detectadas en las bandas de equipaje de los aeropuertos y en los compartimientos de la cabina del avión. Pero, sobre todo, porque los ladrones prefieren los equipajes que son más fáciles de disimular entre una multitud, no los llamativos.

“¿Y entonces? ¿Debo comprar una maleta cara?”

La conclusión es obvia, mis viajeros amados: inviertan en una buena maleta que será, además, un gasto que harán una vez cada cinco, diez o veinte años, según la frecuencia con la que viajen y el tipo de escenarios que visiten.

Pero no necesariamente una buena maleta es cara. Hay marcas de calidad con precios muy buenos, solamente debemos preguntar en los almacenes especializados en equipaje cuáles son sus líneas de costos más accesibles.

No importa si son viajeros de mochila o si gustan de las maletas de ruedas, los aspectos que les conté en este texto son igualmente importantes para todo tipo de equipajes. Dediquen el fin de semana anterior a su viaje a caminar por centros comerciales de sus ciudades, comparar precios y preguntar a los vendedores por los aspectos que aquí les expliqué.

¡Buena suerte con la búsqueda!